Hay historias que empiezan con grandes cosas; la de Carla y Lucas empezó con un simple «hola».
Aquel día no tenía nada de especial. Era un día normal. Carla se levantó, se vistió y fue al cole, sin pensar que ese día iba a conocer a alguien que después sería muy importante para ella.
Cuando llegó al cole, estaba con sus amigas hablando antes de entrar a clase. Estaban hablando de cosas normales y riéndose por cualquier tontería.
En un momento, un chico pasó por su lado y se le cayó un bolígrafo.
Carla se agachó para cogerlo, pero él también lo hizo al mismo tiempo y casi chocaron.
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—Perdón —dijo él.
—No pasa nada —respondió Carla.
El chico cogió el bolígrafo y se lo dio.
—Creo que es tuyo.
Carla lo miró y se dio cuenta de que sí, era suyo.
—Ah, sí. Gracias.
—De nada.
Carla iba a volver con sus amigas cuando el chico habló otra vez.
—Por cierto, soy Lucas.
Carla lo miró unos segundos.
—Yo soy Carla.
—Encantado.
—Igualmente.
Y así fue como se conocieron.
Fin del fragmento